julio 27, 2026

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LA PARADOJA POLÍTICA NUESTRA: DESAFECCIÓN CIUDADANA, ANSIAS DE UN OUTSIDER… Y LA REALIDAD DE QUE SIN UN PARTIDO FUERTE NO SE LLEGA AL GOBIERNO

Por: José Francisco Peña Guaba – Secretario General del FORO PERMANENTE DE PARTIDOS POLÍTICOS DE LA REPÚBLICA DOMINICANA (FOPPPREDOM)

La República Dominicana vive hoy uno de sus momentos políticos más contradictorios. La verdad es que hay tres realidades que chocan al mismo tiempo y ninguna se puede ignorar. Esa es la paradoja política nuestra.

1. LA PRIMERA REALIDAD: LA CRECIENTE DESAFECCIÓN CIUDADANA HACIA LOS PARTIDOS POLÍTICOS

La ciudadanía está hastiada y tiene sus razones.

Después de décadas de promesas incumplidas, de apagones, de un sistema de salud que colapsa, de precios de la canasta básica por las nubes, de una espiral inflacionaria que no para y de una inseguridad pública que nos encierra en nuestras casas, eso nos hace entender que la gente rompió el lazo con la política tradicional.

Los partidos mayoritarios se perciben como parte de un mismo club. Y los partidos minoritarios, con honrosas excepciones, son vistos como «franquicias de alquiler». La más de las veces, como pymes políticas, nos acusan de no tener estructura real, ni tener representación en los barrios, de no poder obtener recursos económicos propios, y a eso se suma el discurso de que somos una carga onerosa para el Estado y que no representamos ni defendemos las causas nacionales, aunque propiamente esto no es así; esa es la narrativa que han impuesto los antisistemas sobre la partidocracia nacional.

El resultado de la desafección ciudadana se ve en la alta abstención electoral, como la ocurrida en las elecciones del año 2024, que ha sido la más alta desde el año 1962 a la fecha, en el voto castigo y en el desprecio generalizado, por lo que la gente dice: «Que todos los políticos somos iguales». La verdad es que esta desafección no es un berrinche. Es un grito nacional, es un llamado de atención. El pueblo no quiere políticos que no se identifiquen con sus problemas seriamente, simplemente quiere soluciones.

2. LA SEGUNDA REALIDAD: LA ANSIA DE UN OUTSIDER

Cuando un sistema colapsa por dentro, la gente busca afuera. Y en América Latina ese viento se ha instalado y sopla con ráfagas que amenazan con llevarse el sistema democrático, y eso se llama «outsider».

Bukele en El Salvador, Milei en Argentina, De la Espriella en Colombia. Son figuras que han llegado diciendo: «Yo no soy político, yo soy como tú». Usan de manera activa las redes sociales, hablan directo y sin filtros, y canalizan la rabia ciudadana hacia la vieja política.

En RD ese fenómeno ya está aquí. Empresarios, comunicadores e influencers digitales se perfilan como «los que vienen a barrer» un sistema que no les funciona a la gente, por eso ellos, Prometen mano dura, eliminar la burocracia y gobernar solo con el sentido común.

Están conectando porque representan lo nuevo, Representan el «castigo al status quo»; la verdad es que tienen posibilidad real de sacar un porcentaje importante de votos, porque capitalizan la desafección. Pero el histórico carácter idiosincrático del pueblo dominicano nos hace entender que viene un contradictorio choque de posiciones.

3. LA TERCERA REALIDAD: LA CRUDA VERDAD DEL PODER EN RD

Llegar a la presidencia en la República Dominicana es una de las tareas más complejas de todo el hemisferio. Solo 10 hombres han gobernado el 70% de nuestra vida republicana (Pedro Santana, Buenaventura Báez, Ulises Hereaux, Horacio Vázquez, Mon Cáceres, Rafael Trujillo, Joaquín Balaguer, Leonel Fernández, Danilo Medina y Luis Abinader) y eso no es casualidad.

En RD, el poder se recicla en el poder y no se gana solamente con hacerse viral en las redes sociales. Se gana con 4 pilares, a los cuales el liderazgo emergente no puede sustituir:

1. UN PARTIDO SÓLIDO CON ESTRUCTURA TERRITORIAL: Se necesita una organización política con militantes de verdad. Capaz de tener delegados en las casi 19 mil mesas electorales. Gente que desde las 6 de la mañana defienda el voto, que a las 12 del meridiano oriente al indeciso, y que en la tarde busque a los suyos para llevarlos a votar. El que no tiene eso, no puede ganar en las mesas electorales.

2. RECURSOS ECONÓMICOS: Una campaña presidencial competitiva cuesta hoy más de 250 millones de dólares. Para gastarlo en vallas, mítines, estructura organizativa, estructura electoral, gastos de publicidad, propaganda, combustible, pago de la logística del día D. El que ignore esa realidad se va a encontrar que sin recursos es casi imposible llegar, por aquello de la frase “que no siempre gana el que tiene más dinero, pero casi siempre pierde al que le falta dinero”.

VÍNCULOS CON LOS PODERES FÁCTICOS: En este país es muy difícil acceder al poder; para el que no tiene puentes con el sector empresarial, con los medios de comunicación, con las iglesias, sindicatos y sólidas relaciones internacionales. El poder en esta media isla, no se puede ejercer sin estos vínculos.

4. ALIANZAS ELECTORALES: Para ganar la presidencia de la República se necesita obtener más del 50% de los votos válidos emitidos; para ello es necesario poder construir una coalición electoral que es casi obligatoria, ya que tenemos un sistema multipartidista con 34 organizaciones políticas nacionales con personería jurídica ante la Junta Central Electoral, por lo cual no se ganan unas elecciones sin tener alianzas electorales que sumen votos en favor de los candidatos, marcados en las casillas de los partidos coaligados.

LA PARADOJA: EL CÍRCULO QUE NOS ATRAPA

El pueblo no quisiera seguir gobernado por los partidos políticos, pero para cambiar el país se necesita obligatoriamente un partido.

Una parte importante del pueblo sueña con un outsider, pero un outsider sin estructura no tiene forma de ganarle unas elecciones a los partidos tradicionales del sistema.

Sé que hay indignación y hasta ira ciudadana que los llama a querer destruir la política, olvidándoseles a los mismos que para gobernar hay que usar las reglas de la política.

El desafío hacia el año 2028 no es escoger entre lo que ansia el pueblo o las tradicionales estructuras; el verdadero, desafío que nos espera es construir estructura con alma de pueblo. Una organización política que no le tenga miedo a la población, a la gente, que hable claro, que le rinda cuentas al pueblo, que le diga la verdad y que entienda que gobernar es defender al ciudadano común todos los días: en sus problemas básicos, en la comida, en la salud, en la electricidad y en la inseguridad de la calle.

La verdad es que el hartazgo está instalado y, mientras sigamos en esta paradoja, el poder seguirá en manos de los mismos de siempre. Solo saldremos de este torbellino cuando los dominicanos entendamos que para cambiar el sistema, primero hay que tener la fuerza para transformarlo desde dentro, porque desde afuera se hace casi imposible. El electorado debe pedirle a la clase política dirigente que cumpla su rol, que se ponga al lado y en defensa de las más sentidas causas nacionales así, se evitaría que se forme un terremoto electoral, con una fuerza telúrica tal, que rompa todos los esquemas incluyendo la democracia misma y lleve al Palacio Nacional a un outsider que venga a cambiarlo todo.